
Creamos una profunda firma visual para un taller artesanal
Este proyecto es el ejemplo perfecto de una proyecto pequeño en escala, pero inmensurable en su valor simbólico. Se trata de Petricor, un proyecto artesanal dedicado a la alfarería y la cerámica.
De un Pasatiempo a una Firma
Todo comenzó como un hobby de alfarería de fines de semana. Eventualmente, ese pasatiempo fue compartido con amistades y familia; las piezas empezaron a rotar y el proyecto fue creciendo de forma orgánica, atrayendo nuevas miradas. Llegó un punto donde surgió la necesidad de formalizarse. El objetivo no era crear un emporio comercial, sino concebir una significado verdadero: una firma visual elegante y significativa para sellar cada vasija, cada plato y cada pequeña pieza que salía del horno.

El Agujero de Conejo del Petricor
La dueña del proyecto ya tenía una fuerte inclinación por el nombre Petricor. Sin embargo, al empezar a investigar a fondo sobre esta palabra, nos adentramos en un pequeño “agujero de conejo”. Ir desenterrando cada capa de significado le otorgó a la marca una profundidad tanto literal como figurativa.
Etimológicamente, la palabra viene del griego petra (piedra) e icor (la sangre de los dioses homéricos). A nivel científico, el término fue acuñado por los biólogos Isabel Joy Bear y R. G. Thomas para describir el inconfundible olor que resulta de un aceite exudado por ciertas plantas durante los periodos de sequía. Básicamente, cuando el agua cae sobre la tierra muy seca, las gotas liberan estas partículas protectoras al aire.
Haciendo una extrapolación poética y aterrizándola a este proyecto de alfarería, podemos decir que Petricor es el aroma que surge después de que una planta protegió su semilla.
El Diseño: Agua, Barro y Letras
Para la identidad gráfica, partimos de tres conceptos base: la tranquilidad, la definición del petricor y la naturaleza.
- El Isotipo: Buscando siempre mantener trazos orgánicos, diseñamos un símbolo donde una gota de agua fluye y toma la forma sutil de un jarrón o florero, uniendo la lluvia y el barro en un solo elemento.

- La Tipografía: Para representar la marca casi no pudo existir mejor elección que Philosopher combinada con Alegreya Sans. Estas fuentes logran el balance perfecto: tienen un corte clásico que rememora a los caracteres griegos originales de su etimología, pero mantienen un enfoque contemporáneo y digital.

- La Paleta de Colores: Inevitablemente, el color protagonista debía ser el terracota, haciendo honor al material de trabajo preferido de la creadora. Para darle contraste y sombra, lo combinamos con un rojo carmesí oscuro, similar al de un atardecer denso, dándole un aspecto mucho más terroso y profundo.



Conclusión
Proyectos como el de Petricor son un hermoso recordatorio de lo poderosa que es la identidad visual. Nos enseñan de primera mano que allá afuera puede haber negocios pequeños, pero con la narrativa y la visión correctas, pueden ser marcas gigantes.
